J. Robert Oppenheimer murió el 18 de febrero de 1967 en Princeton, Nueva Jersey. Tenía sesenta y dos años. Antes de su muerte, le habían quitado su autorización de seguridad. Lo habían tildado de simpatizante comunista. El hombre que ayudó a construir la bomba atómica se convirtió en un paria político.
Oppenheimer nació en la ciudad de Nueva York el 22 de abril de 1904 y fue un físico teórico. Se graduó en Harvard. Hizo investigaciones en la Universidad de Cambridge. Obtuvo su doctorado en la Universidad de Göttingen en Alemania. Luego regresó a Estados Unidos para enseñar en el Instituto de Tecnología de California de 1929 a 1947.
Su trabajo se centró en los procesos energéticos de las partículas subatómicas. Formó a una generación de físicos estadounidenses. Lo admiraban.
Luego vino la Segunda Guerra Mundial. Fue nombrado director del proyecto de bomba atómica del ejército. Este proyecto se conoció como el Proyecto Manhattan. Instaló el laboratorio en Los Alamos, Nuevo México. Esa instalación sigue siendo un importante laboratorio de investigación de armas hasta el día de hoy.
El caso, que lo enfrentó a Edward Teller, se convirtió en una causa célebre en todo el mundo.
Después de la guerra, dirigió el Instituto de Estudios Avanzados de Princeton de 1947 a 1966. Se opuso firmemente al desarrollo de la bomba de hidrógeno. Esta postura le costó todo.
En 1953, fue suspendido de investigaciones nucleares secretas. Se le consideraba un riesgo para la seguridad. Las acusaciones fueron severas. El caso se convirtió en un espectáculo mundial. Fue un choque entre dos gigantes de la física. Oppenheimer se enfrentó a Edward Teller. Teller quería la bomba de hidrógeno. Oppenheimer dijo que no.
¿Por qué lo despidieron? La respuesta está en su oposición a la bomba H y sus asociaciones pasadas. Fue una purga política disfrazada de seguridad.
Fue reintegrado en 1963. Ese mismo año recibió el Premio Enrico Fermi. La disculpa llegó tarde. El daño ya estaba hecho.
Vivió el resto de sus años en relativa tranquilidad. Murió en Princeton. El laboratorio que construyó todavía funciona. Las armas que ayudó a diseñar todavía existen. La pregunta de si tenía razón sigue sin respuesta.
¿Qué pasa con los hombres que cambian el mundo? A menudo son descartados por el mismo mundo. Oppenheimer lo sabía. Sólo esperaba que no le pasara a él.

























