Se podría pensar que la frase “morder la hierba” simplemente significa morir. No es así. Señala específicamente un final violento. Las imágenes provienen de la forma en que los poetas antiguos describían a los soldados en sus momentos finales. No se desvanecieron simplemente. Ellos pelearon.
Homero en la Ilíada y Virgilio en la Eneida capturaron esta lucha. Escribieron sobre guerreros heridos que luchaban contra el dolor cuando la vida los abandonaba. El acto de morder la tierra no fue aleatorio. Fue un instinto de supervivencia.
Morder la hierba ayuda a la persona a soportar la agonía de una muerte violenta.
Piensa en la realidad física. Cuando tu cuerpo está roto, tu mandíbula se aprieta. Necesitas una salida para esa tensión. Masticar tierra o pasto proporciona resistencia. Distrae la mente. Enraiza el cuerpo en el presente inmediato en lugar de en el futuro que se desvanece.
Esto no es sólo estilo poético. Es una descripción literal de cómo reacciona el cuerpo humano ante un trauma extremo. La hierba se convierte en una herramienta. Una forma de permanecer consciente un poco más. Soportar lo insoportable.
Entonces, cuando alguien muerde la hierba, no sólo está durmiendo. Están peleando. Y perdiendo.






























