Lo llamaron un milagro. Aceleración sin combustible.
Zenno Astronautics acaba de demostrar que funciona en órbita. No en una cámara de vacío en la Tierra. De hecho, allá arriba. Donde la física importa.
La startup con sede en Nueva Zelanda probó su “Supertorquer” en el satélite Mira. La caja era del tamaño de un zapato. Voló.
Hasta ahora, los imanes superconductores eran demasiado pesados y demasiado complejos. No se podían encoger para que quepan en una embarcación pequeña. Zenno cambió las reglas.
El sistema se basa en un cable superconductor. Sin resistencia eléctrica. Corrientes que los cables normales no podrían soportar. Siguen fuertes campos magnéticos.
Pero aquí está el problema. El frio.
Estos materiales sólo funcionan cuando están congelados. Estamos hablando de -200° Celsius [-328°F].
¿Espacio? Hace frío, claro. Pero no tan frío para un equipo orientado al sol. Los satélites se calientan. Alrededor de 20° C [68°F]. Si apuntas con un espejo a una lámpara el tiempo suficiente, sabrás por qué.
Entonces construyeron una trampa. Capas de aislamiento. Una bomba de calor que aspira el calor y lo expulsa al vacío. La batería, cargada por paneles solares, se activa y alimenta las bobinas. Las bobinas empujan contra el propio campo magnético de la Tierra.
El satélite se mueve. Sin quemar propulsor.
“Es una tecnología que permite que una nave espacial no caiga”, dijo Max Arshavsky a Space.com. “Podemos controlar la forma en que gira”.
Impulse Space construyó el satélite. SpaceX lo lanzó en noviembre pasado en Transporter 12. Zenno, un derivado de la Universidad de Auckland, lo vio bailar.
“Se trata de convertir la energía solar directamente en útil.”
¿Por qué esto importa?
Porque transportar combustible es pesado. El combustible cuesta dinero. El combustible limita la distancia que puedes recorrer. Este propulsor utiliza lo único que abunda en el espacio. Luz del sol.
Arshavsky no se limita al control de actitudes. Quiere atracar barcos utilizando únicamente el magnetismo. Cambia de trayectoria sin tanques. Vuela a Marte con nada más que energía solar.
Él imagina “paraguas” de campos magnéticos. Protección para los humanos contra los rayos cósmicos. Esa radiación de fondo cancerígena que afecta a los viajes al espacio profundo.
Blindamos el interior. Mantenemos a la gente segura. Dejamos atrás los recursos de la Tierra.
¿Sostenibilidad en la última frontera? Suena a marketing. Pero la tecnología es real.
Zenno tiene programada otra prueba para finales de este año. Más grande esta vez. Misión no revelada.
¿Cambiará la forma en que construimos el próximo Apolo?
Tal vez.
O tal vez simplemente se quedará ahí, tarareando, demostrando que no necesitamos quemar el cielo para atravesarlo.
Sólo el tiempo y los paneles solares lo dirán. 🛰️































