A principios de 2025, una solicitud rutinaria de Libertad de Información (FOI) sentó inadvertidamente un nuevo precedente legal sobre cómo el gobierno del Reino Unido maneja las interacciones con los chatbots de IA. El caso se originó a partir de una simple pregunta: ¿podrían obtenerse registros de conversaciones entre el entonces Secretario de Tecnología del Reino Unido, Peter Kyle, y ChatGPT a través de las leyes FOI?
La solicitud inicial y el resultado inesperado
Kyle había declarado públicamente su uso frecuente de ChatGPT, lo que provocó una pregunta sobre si se podía acceder a su historial de chat. Si bien las interacciones personales se consideraron privadas y, por lo tanto, estaban exentas de divulgación, las conversaciones realizadas a título oficial fueron disponibles por el Departamento de Ciencia, Industria y Tecnología (DSIT) en marzo. Esta decisión marcó la primera vez que se divulgaron públicamente los intercambios de chatbots de IA entre un ministro del gobierno y una IA.
El comunicado sorprendió a los expertos en protección de datos. “Me sorprende que los hayan recibido”, comentó Tim Turner, especialista en protección de datos, subrayando la naturaleza inusual del resultado. La historia atrajo la atención internacional, y investigadores de Canadá y Australia buscaron orientación para replicar el proceso en sus propias jurisdicciones.
Las implicaciones más amplias
El caso expuso una brecha crítica en la transparencia de los datos. Si bien los gobiernos adoptan rápidamente herramientas de inteligencia artificial (y la administración pública del Reino Unido afirma obtener hasta dos semanas de ganancias anuales de eficiencia a través de sistemas similares a ChatGPT), la supervisión sigue siendo mínima. La IA no es imparcial y las “alucinaciones” (resultados falsos) son un riesgo conocido. La transparencia es esencial para la rendición de cuentas, especialmente a medida que crece la dependencia gubernamental de estas tecnologías.
Respuesta del gobierno y obstrucción posterior
Tras el éxito inicial, las solicitudes posteriores de libertad de información enfrentaron una mayor resistencia. Una consulta de seguimiento al DSIT sobre las reacciones internas a la historia, incluidos correos electrónicos y mensajes de Teams, fue rechazada por ser “vejatoria”, y los funcionarios citaron un tiempo de procesamiento excesivo. La renuencia del gobierno pone de relieve una tendencia creciente: una aplicación más estricta de las excepciones legales para bloquear la divulgación de información.
El cambio en el comportamiento gubernamental subraya la necesidad de una supervisión sólida del uso de la IA en la administración pública. La transparencia no se trata simplemente del acceso a los datos, sino también de garantizar la rendición de cuentas en un panorama tecnológico en rápida evolución.
El gobierno del Reino Unido se ha vuelto más cauteloso con las solicitudes de libertad de información, particularmente en lo que respecta al uso de la IA. Este caso demuestra la urgente necesidad de contar con directrices claras y una aplicación coherente de las leyes de transparencia a medida que la IA se integra cada vez más en las operaciones gubernamentales.
































