Nueva evidencia arqueológica de Jordania confirma la devastadora escala de la plaga de Justiniano, la primera pandemia documentada que arrasó el mundo mediterráneo entre los siglos VI y VIII. Un equipo de investigación liderado por Estados Unidos ha verificado un lugar de entierro masivo en Jerash, revelando detalles sombríos sobre cómo la enfermedad mató a millones de personas en el Imperio Bizantino. Esta no es sólo una nota histórica a pie de página; subraya la rapidez con la que un nuevo patógeno puede abrumar a las poblaciones, incluso sin los viajes modernos ni la globalización.
El descubrimiento de Jerash: una instantánea de la crisis
La fosa común de Jerash, un importante centro comercial de la antigua Jordania, no se construyó con el tiempo como un cementerio típico. Más bien, representa un evento único y catastrófico: una afluencia repentina y abrumadora de cuerpos. El análisis genético confirma que la Yersinia pestis, la misma bacteria responsable de la peste negra siglos después, es la culpable. El estudio, publicado en el Journal of Archaeological Science, es importante porque vincula la evidencia biológica (el patógeno de la peste) con la experiencia humana de la crisis.
Una población transitoria bajo asedio
Los investigadores analizaron el ADN extraído de los dientes y encontraron que las víctimas abarcaban todos los grupos demográficos: hombres, mujeres, jóvenes y ancianos. Esto sugiere que la plaga afectó a una población muy móvil atrapada en Jerash durante la pandemia. Las víctimas no eran lugareños; eran viajeros, mercenarios, esclavos y comerciantes, personas que se movían libremente antes de quedar atrapadas por el brote. La situación se hace eco de las pandemias modernas, como la de la COVID-19, en las que los confinamientos y las restricciones de viaje detuvieron repentinamente los movimientos, concentrando a las poblaciones vulnerables.
Por qué esto importa: más allá de los números
La plaga de Justiniano a menudo se ignora en las narrativas históricas porque su impacto no es tan dramático visualmente como el de la Peste Negra. No hubo un colapso repentino de la población ni una alteración social generalizada visible en los registros históricos. Algunos incluso niegan su gravedad. Sin embargo, la fosa común de Jerash proporciona evidencia física irrefutable: la enfermedad ocurrió y mató a personas a escala masiva. El hecho de que hasta ahora faltaran pruebas contundentes pone de relieve la facilidad con la que los traumas históricos pueden oscurecerse o restarse importancia.
Paralelos con las pandemias modernas
El estudio destaca sorprendentes paralelismos entre los brotes antiguos y modernos. Así como algunos descartaron el COVID-19 desde el principio, ha habido una negación histórica del impacto de la plaga de Justiniano. El descubrimiento de Jerash cuestiona esta negación y demuestra que una pandemia puede arrasar a una población sin causar necesariamente un cambio de régimen inmediato o un colapso económico. El impacto real se siente en el costo humano, la interrupción de la vida diaria y la pérdida repentina y brutal de vidas.
El sitio de Jerash ofrece una mirada escalofriante al pasado, recordándonos que las pandemias no son sólo eventos biológicos; son crisis profundamente sociales que dejan cicatrices duraderas en las comunidades. El descubrimiento subraya que incluso sin la velocidad de los viajes modernos, un patógeno mortal puede propagarse rápidamente y abrumar los centros urbanos, dejando indefensas a las poblaciones vulnerables.
































