La ciencia del miedo: cómo el infrasonido puede imitar la actividad paranormal

3

¿Alguna vez has entrado en un edificio antiguo y has sentido una inexplicable sensación de pavor o un escalofrío repentino e inexplicable? Si bien el folclore a menudo apunta a fantasmas o entidades sobrenaturales, la ciencia sugiere un culpable mucho más fundamentado: el infrasonido.

Un estudio reciente dirigido por investigadores de la Universidad MacEwan proporciona evidencia de que las vibraciones de baja frecuencia (sonidos por debajo del umbral del oído humano) pueden desencadenar estrés físico y agitación psicológica, lo que podría explicar por qué ciertos entornos se sienten “embrujados”.

¿Qué es el infrasonido?

El infrasonido se refiere a ondas sonoras con frecuencias inferiores a 20 hercios (Hz). Como estas ondas son tan largas, poseen una propiedad física única: pueden viajar grandes distancias y atravesar obstáculos sólidos sin perder mucha energía.

Si bien no podemos “escuchar” conscientemente estos sonidos, nuestros cuerpos aún pueden sentirlos. Las fuentes comunes incluyen:
Entornos creados por el hombre: Tuberías envejecidas, sistemas de ventilación, maquinaria industrial y tráfico pesado.
Fenómenos naturales: Tormentas, terremotos, volcanes e incluso las auroras.
Factores biológicos: Ciertos animales utilizan infrasonidos para la navegación y la comunicación.

El vínculo entre la vibración y el estrés

Para investigar cómo estas ondas silenciosas afectan la psique humana, los investigadores llevaron a cabo un experimento en el que participaron 36 estudiantes universitarios. Los participantes fueron colocados en una habitación para escuchar música relajante o inquietante. En un grupo controlado, unos subwoofers ocultos reproducían infrasonidos a 18 Hz sin el conocimiento de los participantes.

Los resultados fueron sorprendentes. Incluso cuando escuchaban música con la intención de ser relajante, las personas expuestas al infrasonido informaron:
– Aumento de irritabilidad y malestar.
– La percepción de que la música sonaba “más triste” de lo que realmente era.
– Incapacidad para detectar que se estaba produciendo alguna vibración.

Fundamentalmente, el estudio fue más allá de la mera autoevaluación al medir el cortisol, un biomarcador primario del estrés. Los investigadores descubrieron que la exposición a los infrasonidos provocaba un aumento significativo en los niveles de cortisol.

“Nuestros hallazgos sugieren que incluso una exposición breve puede cambiar el estado de ánimo y aumentar el cortisol, lo que resalta la importancia de comprender cómo los infrasonidos afectan a las personas en entornos del mundo real”, dice el autor principal Rodney Schmaltz.

¿Por qué reaccionamos de esta manera?

La conexión entre irritabilidad y cortisol está bien documentada; Cuando nos sentimos amenazados o estresados, nuestro cuerpo libera cortisol para prepararnos para la acción. Sin embargo, el estudio señaló que el infrasonido desencadenaba estas respuestas con mayor intensidad de lo esperado.

Esto plantea una pregunta evolutiva fascinante: ¿Están los humanos programados para temer a los infrasonidos? En la naturaleza, las vibraciones de baja frecuencia a menudo preceden a eventos geológicos masivos como terremotos o tsunamis. Es posible que nuestros sentimientos “espeluznantes” sean en realidad un antiguo mecanismo de supervivencia: un sistema de alarma biológica que nos advierte de desastres naturales que se aproximan.

Limitaciones e implicaciones futuras

Si bien los hallazgos son convincentes, los investigadores recomiendan precaución. El estudio tuvo un tamaño de muestra relativamente pequeño y los investigadores solo probaron una frecuencia específica (18 Hz). Diferentes frecuencias o combinaciones de sonidos pueden producir diferentes efectos psicológicos.

A pesar de estas limitaciones, la investigación tiene implicaciones prácticas más allá de desacreditar las historias de fantasmas. A medida que seguimos viviendo en entornos cada vez más densos y mecanizados, comprender el infrasonido podría conducir a:
Mejor diseño de edificios: Minimizar las vibraciones en espacios residenciales y de oficinas.
Normas de ruido actualizadas: Abordar la contaminación “silenciosa” que afecta la salud mental.
Mejor planificación urbana: Mitigar el impacto de los infrasonidos industriales y relacionados con el tráfico.


Conclusión
Al vincular las vibraciones de baja frecuencia con un estrés fisiológico mensurable, esta investigación sugiere que muchas experiencias “paranormales” pueden ser en realidad respuestas biológicas al infrasonido ambiental. Los estudios futuros serán esenciales para determinar cómo las diferentes frecuencias impactan la salud y el bienestar humanos a largo plazo.