Comienza con un riesgo.
Un chimpancé se acerca. No para agarrar comida, ni para hacer huelga. Sino meter los dedos dentro de la boca de otro macho. Es peligroso. Los dientes están cerca. Se intercambia saliva. En un mundo impulsado por la jerarquía y los recursos, esto no tiene ningún sentido evolutivo a menos que la confianza sea la moneda de cambio.
Eso es exactamente lo que sugiere un nuevo estudio de la Universidad de Durham.
Abrazos. Palmaditas. El “tren de la tranquilidad” (donde los chimpancés se alinean, uno detrás de otro, acomodándose como fichas de dominó de la calma). Estas no son solo interacciones lindas. Son herramientas antiguas y calculadas para aliviar la tensión.
Y es posible que hayan formado parte del árbol genealógico humano durante seis millones de años.
La ciencia detrás del contacto social
Los investigadores filmaron a 116 simios, tanto chimpancés (Pan troglodytes ) como bonobos (Pan paniscus ), en cinco santuarios africanos semisalvajes. La configuración era sencilla: intervalos de cinco minutos justo antes de dejar la comida en un espacio compartido. Hay mucho en juego. Animales hambrientos.
¿Qué rastrearon? Quién tocó a quién de antemano. Luego observaron la alimentación. ¿Compartieron pacíficamente? ¿O estalló la agresión?
El patrón era claro. Los simios que mantenían un contacto corporal tranquilizador antes de la comida tenían significativamente más probabilidades de alimentarse uno al lado del otro sin pelear.
“La tolerancia social… se considera un requisito previo para la transmisión de información”, explicó la profesora Zanna Clay. “En los primates, los climas sociales tolerantes están relacionados con el comportamiento prosocial, la empatía y el aprendizaje social”.
No se trata sólo de ser amable. Se trata de supervivencia. La tolerancia permite que los grupos se reúnan en torno a recursos valiosos con una violencia mínima. Para los primeros humanos (y sus predecesores) esta capacidad de coalimentarse fue un multiplicador de supervivencia.
Bonobos versus chimpancés: diferentes estrategias, mismo objetivo
Los bonobos son los primos fríos. Conocido por su resolución sexual y alianzas femeninas. Los chimpancés son los agresivos. Los machos forman vínculos fuertes pero son propensos a la guerra.
A pesar de estas diferencias, ambas especies utilizaron el tacto para gestionar el mismo problema: la competencia por la comida. Pero el quién variaba.
- Bonobos: El efecto calmante del tacto fue más fuerte entre las mujeres. Esto refleja su sociedad, donde las coaliciones femeninas impulsan la estructura social.
- Chimpancés: El efecto alcanzó su punto máximo entre los machos. Reflejando la compleja dinámica de los vínculos masculinos que mantienen la paz en un grupo jerárquico dominado por hombres.
Fundamentalmente, los investigadores observaron que estos comportamientos eran más efectivos en grupos que ya eran conocidos por su mayor tolerancia social. Esto sugiere que la tranquilidad no es sólo un reflejo de un grupo tranquilo: crea y refuerza esa calma.
El “tren de la tranquilidad” y las señales de confianza
Una observación detuvo a los investigadores en seco. En el grupo de chimpancés más tolerante, un macho abrazaba a otro por detrás. Luego se unió un segundo macho. Luego un tercero. Hasta que una cadena de chimpancés se estableció, uno tras otro.
Lo llamaron “tren de tranquilidad”.
Pero el gesto más llamativo fue el contacto boca a cuerpo. Poner los dedos en la boca de otra persona es un acto de alta vulnerabilidad. Señala: “Confío en que no me lastimes ahora mismo”.
Este comportamiento arriesgado apareció mucho más a menudo en grupos tolerantes. Sirve como una potente señal de confianza, reduciendo los niveles de cortisol y reduciendo la probabilidad de adoptar posturas agresivas.
“A menudo se asocia a los chimpancés con la violencia, pero estos comportamientos revelan una profunda voluntad de ser vulnerables”, señaló el Dr. Jake Brooker.
¿Los humanos heredaron esto de sus primos simios?
Si tanto los chimpancés como los bonobos utilizan el tacto para gestionar la competencia, y su último ancestro común vivió hace aproximadamente seis millones de años, es muy probable que este rasgo también existiera en nuestro ancestro compartido.
El contacto social es anterior al lenguaje. Mucho antes de que tuviéramos palabras para decir “No quiero hacer daño” o “Somos un equipo”, teníamos nuestras manos y brazos.
El estudio sostiene que se trata de un vestigio evolutivo: un conjunto de herramientas conductuales preservadas. Todavía confiamos en ello.
Piénselo. Cuando estás ansioso en una fiesta, puedes tocar el brazo de tu amigo. Cuando dos rivales están a punto de chocar, una mano firme en el hombro puede romper la tensión. Hacemos esto porque funciona. Porque fue codificado en nuestra biología hace millones de años.
“Los contactos boca a cuerpo, más riesgosos, fueron particularmente sorprendentes”, añadió Brooker. “Destacan cuánto dependemos de las herramientas conservadas de nuestros primos simios para afrontar momentos difíciles”.
Por qué es importante hoy
Nos centramos mucho en la agresión en la evolución humana. La caza. La guerra. La competencia por el estatus. Pero esta investigación nos recuerda que nuestro linaje también desarrolló estrategias ricas y flexibles para evitar conflictos.
Para proteger las relaciones sociales. Para promover la armonía.
El estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, confirma que el contacto social no es simplemente una habilidad blanda. Es un mecanismo fundamental de estabilidad social.
Es un recordatorio de que antes de que tuviéramos política, tratados o conversaciones educadas, teníamos abrazos. Y funcionaron tan bien entonces como ahora.
Pero esto es lo que podríamos pasar por alto: en un mundo cada vez más mediado por pantallas, estamos perdiendo datos. Nos estamos olvidando de la señal. ¿Cuándo fue la última vez que miraste a tu amigo a los ojos mientras lo tranquilizabas? No escribir. No publicar. Simplemente estar ahí, físicamente presente, confiando lo suficiente como para cerrar la brecha con nada más que tu mano.
Los simios saben cómo hacerlo. Tal vez sea hora de que recordemos por qué lo hacen.

































