Ha entrado oficialmente en vigor un acuerdo histórico para salvaguardar la alta mar, en gran medida no regulada, lo que marca un momento crucial para la conservación de los océanos. Durante décadas, las aguas internacionales –aquellas más allá de las jurisdicciones nacionales– han funcionado como un “salvaje oeste” de pesca, en gran medida libre de límites. Estas áreas, que comprenden el 95% del volumen marino habitable del planeta, siguen estando muy inexploradas, pero están cada vez más amenazadas por la explotación comercial.
La necesidad de cooperación global
El tratado de las Naciones Unidas, ratificado por más de 60 países en septiembre de 2025, establece un marco para la conservación y el uso sostenible de la diversidad biológica marina en océanos abiertos. Este acuerdo aborda una brecha crítica: anteriormente, no existía ningún mecanismo internacional para crear áreas marinas protegidas en alta mar. La eficacia del tratado depende de la colaboración, como lo demuestra la declaración de la bióloga marina pionera Sylvia Earle: “Este momento demuestra que la cooperación a escala global es posible”.
Implementación y prioridades clave
Las reglas y estructuras de supervisión del tratado se finalizarán en una conferencia inaugural a fines de 2026, lo que significa que las áreas protegidas reales no se establecerán hasta dentro de casi un año. Los esfuerzos de conservación se centrarán inicialmente en puntos críticos de biodiversidad como el Mar de los Sargazos (un caldo de cultivo crucial para la anguila) y el sistema de respiraderos hidrotermales de la Ciudad Perdida en el Atlántico, así como en las crestas submarinas del Pacífico que albergan ballenas, tiburones y otras especies marinas.
Más allá de las restricciones a la pesca, el tratado también establecerá un depósito para compartir recursos genéticos de aguas internacionales, una fuente potencial de nuevos medicamentos y biotecnologías. Esto llega en un momento crítico: a medida que avanza la tecnología pesquera (incluida la pesca de arrastre en aguas profundas y la pesca en la zona de penumbra), la sobreexplotación se ha vuelto rampante, y las pesquerías regionales no logran gestionar de manera sostenible el 56% de las poblaciones objetivo.
Por qué esto es importante: resiliencia y clima
Proteger estas áreas no se trata solo de biodiversidad. Las áreas marinas protegidas dentro de aguas nacionales han demostrado un impacto positivo en las pesquerías vecinas al proporcionar hábitats de desove y crecimiento. El tratado apoya directamente la iniciativa “30 por 30” (conservar el 30% de la superficie de la Tierra para 2030), un objetivo inalcanzable sin la protección de alta mar.
El océano ha absorbido el 90% del exceso de calor debido al calentamiento global y los ecosistemas están sometidos a una presión cada vez mayor. Protegerlos de la sobrepesca y la contaminación mejora su resiliencia. Como dice Matt Frost, investigador del Laboratorio Marino de Plymouth: “Si estás enfermo con tres cosas a la vez, si eliminas dos de ellas, eres libre de luchar contra la otra”. Los ecosistemas oceánicos también desempeñan un papel clave en el secuestro de carbono, absorbiendo una cuarta parte del CO2 que calienta el clima.
Desafíos futuros: aplicación y ratificación
La implementación del tratado enfrenta obstáculos. El mapeo del fondo del océano está incompleto (sólo se ha estudiado completamente el 27%) y su aplicación será difícil. Una proporción significativa de las áreas marinas protegidas existentes en aguas nacionales son “parques de papel” con poca protección real. Aunque las imágenes satelitales y la inteligencia artificial pueden rastrear actividades ilegales, la efectividad del tratado depende de que los estados miembros de la ONU nieguen el acceso a los puertos a los infractores.
Actualmente, 83 países han ratificado el tratado, pero países clave como el Reino Unido, Estados Unidos, Canadá y Australia no lo han hecho. Grupos conservacionistas como Oceana enfatizan que una ratificación más amplia es crucial: “Cuantos más países lo ratifiquen, más poderoso se vuelve este tratado”.
En última instancia, el tratado de alta mar representa un paso histórico hacia la gestión responsable de los océanos. Su éxito dependerá de una cooperación y aplicación internacionales sostenidas, que garanticen que estos ecosistemas vitales estén protegidos para las generaciones futuras.
