El cambio climático conecta a los agricultores de todos los continentes: luchas compartidas en Ruanda e Irlanda del Norte

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Dos agricultores, separados por miles de kilómetros y paisajes muy diferentes, están unidos por una única y creciente amenaza: el cambio climático. Jackline Mugoboka, una granjera ruandesa, y Louise Skelly, una criadora de ovejas del condado de Down, se conectaron recientemente para compartir sus experiencias con patrones climáticos cada vez más erráticos y la urgente necesidad de adaptación. Sus historias resaltan una crisis global que afecta a la agricultura en todas partes, aunque de manera desigual.

La carga desigual del cambio climático

La granja de Mugoboka en Ruanda, aunque pequeña, de sólo 2,5 acres, representa la parcela agrícola promedio para muchos en el país. Las mujeres representan el 90% de los agricultores ruandeses, lo que las hace desproporcionadamente vulnerables a las crisis climáticas. Ruanda todavía se está recuperando de las devastadoras inundaciones y deslizamientos de tierra de 2023, lo que pone de relieve la gravedad de la crisis. Mugoboka explica que el cambio climático no es sólo una cuestión ambiental, sino una profunda carga económica y social para las mujeres que soportan la mayor parte del trabajo agrícola.

Skelly, por otro lado, cultiva en un sistema agrícola más desarrollado. Aun así, ha sido testigo de primera mano de la escalada de fenómenos meteorológicos extremos en Irlanda del Norte durante la última década. Las inundaciones son cada vez más frecuentes e intensas, una tendencia que contradice las normas históricas y desafía las prácticas agrícolas tradicionales.

Experiencias compartidas, diferentes recursos

Ambos agricultores señalan que el cambio climático está provocando brotes de enfermedades nuevos e impredecibles. En Ruanda, los agricultores enfrentan brotes repentinos de enfermedades en cultivos y ganado, mientras que Skelly ahora está considerando vacunar a sus ovejas contra el virus de la lengua azul, una enfermedad que antes se limitaba a África. El virus llegó recientemente a Irlanda del Norte a través de mosquitos que viajaron por la costa irlandesa desde Inglaterra, donde se reportaron casi 300 casos desde julio.

La diferencia clave, señala Mugoboka, no es la existencia del problema sino el acceso a los recursos. África produce sólo el 4% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero, pero soporta una parte desproporcionada de los impactos debido a su limitada capacidad de adaptación y mitigación. Irlanda del Norte, si bien experimenta sus propios desafíos, tiene mayor infraestructura y medios financieros para responder.

Adaptación y resiliencia

A pesar de las terribles circunstancias, ambos agricultores están tomando medidas hacia la resiliencia. Skelly ha plantado árboles para combatir las inundaciones y proporcionar sombra al ganado durante los veranos más calurosos. Mugoboka trabaja con agricultores para mejorar las prácticas sostenibles, reconociendo que las soluciones locales son vitales frente a una crisis global.

“Nadie es inmune a las crisis climáticas”, afirmó Mugoboka, “sólo que tal vez tengas diferentes estrategias para afrontarlas”.

Las experiencias compartidas de estas dos mujeres demuestran que el cambio climático no es una amenaza lejana sino una realidad presente que afecta a los agricultores de todo el mundo. Si bien las cargas están distribuidas de manera desigual, la necesidad de adaptación y mitigación es universal.