La ambición de Estados Unidos de lograr cero emisiones netas de gases de efecto invernadero para 2050 depende de una combinación crítica, pero políticamente desafiante, de incentivos económicos y presión regulatoria. Las tendencias políticas actuales sugieren que depender únicamente de “zanahorias” -como los subsidios verdes- en última instancia será insuficiente sin la eventual implementación de “garrotes” en forma de mecanismos de fijación de precios del carbono.
Los límites de los subsidios
Si bien la inversión gubernamental en tecnologías limpias como vehículos eléctricos e infraestructura de energía renovable puede acelerar la adopción de alternativas bajas en emisiones, estos incentivos por sí solos son insuficientes para la descarbonización a largo plazo. Una investigación de la Universidad de Princeton demuestra que los subsidios pueden reducir las emisiones en aproximadamente un 32% para 2030, pero su eficacia disminuye rápidamente a partir de entonces. Esto se debe a que los combustibles fósiles, en particular el gas natural, siguen siendo económicamente competitivos incluso con alternativas subsidiadas.
“Las zanahorias pueden ayudar a hacer crecer la industria verde, pero todavía necesitamos palos para alcanzar realmente los objetivos de descarbonización”, afirma el investigador Wei Peng.
El caso de la fijación del precio del carbono
Un enfoque más agresivo (introducir un precio del carbono en 2035) podría eliminar los combustibles fósiles de manera más efectiva, logrando reducciones de emisiones de más del 80% para 2050. Este modelo reconoce que simplemente abaratar las tecnologías verdes no es suficiente; debe haber un costo directo asociado con la contaminación por carbono para desincentivar su uso continuo.
La realidad política
El clima político actual complica las cosas. Si bien la administración Biden invirtió en infraestructura verde e incentivos para tecnologías limpias, un cambio de poder podría revertir esos avances. El expresidente Trump ha desestimado estos esfuerzos calificándolos de una “nueva estafa verde” y tiene un historial de desmantelamiento de regulaciones ambientales.
Esta inconsistencia política crea importantes obstáculos económicos. Retrasar la fijación del precio del carbono hasta 2045, por ejemplo, requeriría un impuesto al carbono un 67% más alto para lograr cero emisiones netas que si se implementara de inmediato. Cuanto mayor sea el retraso, mayor será la necesidad de recurrir a costosas tecnologías de eliminación de carbono.
Innovación y contexto global
Los avances tecnológicos podrían potencialmente reducir la necesidad de fijar precios estrictos al carbono, pero eso sigue siendo incierto. Otras naciones, como China y la Unión Europea, ya han combinado subsidios con precios de carbono, creando un enfoque más integral que está reduciendo el costo de las tecnologías de energía limpia. Estados Unidos podría beneficiarse de estas innovaciones, pero una política interna inconsistente obstaculiza el progreso.
El resultado final: Lograr emisiones netas cero en Estados Unidos requiere tanto incentivos a corto plazo para fomentar industrias verdes como políticas a largo plazo que hagan que la contaminación por carbono sea económicamente indeseable. Sin este equilibrio, la nación corre el riesgo de quedarse atrás en sus objetivos climáticos a un costo financiero más alto.
































