Durante décadas, el índice de masa corporal (IMC) ha sido la piedra angular de la atención sanitaria y se utiliza para clasificar a las personas como con bajo peso, peso saludable, sobrepeso u obesidad. Pero un consenso cada vez mayor entre los profesionales médicos está desafiando esta práctica de larga data, revelando que el IMC es una medida de salud profundamente defectuosa, que a menudo etiqueta erróneamente a las personas e influye en el acceso a la atención médica crítica.
Los orígenes de una métrica problemática
Desarrollado a principios del siglo XIX por el matemático Adolphe Quetelet, el IMC fue originalmente una herramienta estadística para rastrear las tendencias de la población, no un instrumento de diagnóstico para individuos. Ganó fuerza en la década de 1970 a medida que aumentaron las tasas de obesidad, y en 1997, la Organización Mundial de la Salud lo adoptó como estándar global. Su popularidad se debió a su simplicidad: el peso dividido por la altura al cuadrado proporciona una estimación rápida y económica de la grasa corporal. Sin embargo, esta conveniencia tuvo como costo la precisión.
Las consecuencias de una medición inexacta
La dependencia del IMC tiene consecuencias en el mundo real. El acceso a procedimientos médicos esenciales (incluidas cirugías de rodilla, tratamientos de fertilidad y medicamentos para la obesidad) suele estar determinado por los límites del IMC. A las personas que están fuera del rango “aceptable” se les puede negar atención, mientras que a aquellas con un IMC “normal” pero con riesgos de salud subyacentes se les puede pasar por alto.
La cuestión no es sólo teórica. Muchas personas sanas y atléticas son clasificadas erróneamente como con sobrepeso, mientras que otras con niveles peligrosos de grasa visceral pasan desapercibidas. El IMC no distingue entre músculo y grasa, ignora dónde se almacena la grasa (la grasa abdominal es más peligrosa que la grasa subcutánea) y no tiene en cuenta las variaciones en la composición corporal entre etnias.
La ciencia detrás del cambio
Investigadores como Francesco Rubino del King’s College de Londres han expresado abiertamente sus críticas. “No tiene lógica… utilizar el IMC para definir una enfermedad”, afirma. Los estudios han demostrado repetidamente que el IMC es un mal predictor de los resultados de salud, particularmente en comparación con medidas más precisas como la circunferencia de la cintura, la relación cintura-cadera o la evaluación de la grasa visceral.
Más allá del IMC: mejores medidas de salud
El alejamiento del IMC está ganando impulso. Los expertos abogan por incorporar métricas adicionales:
- Circunferencia de la cintura: Mide la grasa abdominal, un predictor más potente de enfermedades cardíacas y diabetes.
- Relación cintura-cadera: Proporciona una evaluación más matizada de la composición corporal.
- Índice de cintura ajustado al peso (Primera Guerra Mundial): Combina la circunferencia de la cintura con el peso para una evaluación de riesgos más precisa.
- Índice de Redondez Corporal (BRI): Un modelo más sofisticado que considera la geometría del cuerpo.
Los análisis de sangre para evaluar la función hepática, los triglicéridos y los niveles de colesterol HDL también proporcionan información valiosa.
El impacto en los grupos étnicos
Los defectos del IMC se amplifican cuando se aplica a diferentes grupos étnicos. El cálculo original se basó en poblaciones blancas y no tiene en cuenta las diferencias genéticas y fisiológicas en otros grupos. Por ejemplo, las personas del sur de Asia, los chinos y los negros tienen un mayor riesgo de diabetes y enfermedades cardíacas con un IMC más bajo que los blancos. Esto ha llevado a algunos países, como India, a adoptar umbrales de IMC más bajos e incorporar medidas adicionales en sus evaluaciones de salud.
El futuro de la evaluación de la obesidad
El abandono del IMC no es sólo un debate científico; es una cuestión de equidad y acceso a la atención médica. A medida que los nuevos medicamentos para bajar de peso, como Mounjaro y Wegovy, se vuelven más frecuentes, la dependencia del IMC para determinar la elegibilidad genera preocupaciones éticas. Es esencial adoptar un enfoque más matizado para la evaluación de la obesidad, uno que considere los factores individuales, la distribución de la grasa y la salud metabólica en lugar de un número único y erróneo.
La comunidad médica finalmente está reconociendo que la salud es mucho más compleja de lo que un cálculo puede captar. Al ir más allá del IMC, podemos garantizar diagnósticos más precisos, atención equitativa y un futuro más saludable para todos.

































