Durante décadas, el espectáculo del Mardi Gras en Nueva Orleans ha crecido junto con una crisis silenciosa y creciente: el desperdicio. La icónica celebración de la ciudad genera más de 1.100 toneladas de basura al año, una cifra que ha aumentado constantemente durante los últimos diez años y representa una creciente amenaza ambiental.
La magnitud del problema
La enorme cantidad de materiales desechados (cuentas de plástico, vasos, doblones y mantas de espuma) es asombrosa. Si bien las cuentas pueden parecer inofensivas en el momento, rápidamente se convierten en contaminación. Más del 60% de las cuentas de Mardi Gras analizadas en 2013 contenían niveles peligrosos de plomo, lo que genera preocupaciones de salud pública. Más allá de la toxicidad, los escombros obstruyen los sistemas de drenaje, exacerbando los riesgos de inundaciones en una ciudad que ya lucha contra la erosión costera y huracanes cada vez más frecuentes.
La cuestión es más que sólo el volumen. Nueva Orleans, situada en una región altamente vulnerable, enfrenta las duras realidades del cambio climático. Ignorar el problema de los residuos durante el Carnaval es un enfoque miope que socava la sostenibilidad a largo plazo. Durante años, la ciudad midió el éxito del Carnaval por la cantidad de basura que recogía, una métrica que finalmente ha sido objeto de escrutinio.
Un creciente movimiento por el cambio
Una coalición de organizaciones, funcionarios e investigadores ahora está presionando por un cambio cultural. Brett Davis, de la organización sin fines de lucro Grounds Krewe, describe la situación actual como una “catástrofe ambiental” y aboga por soluciones como programas de reutilización de cuentas y una reevaluación más amplia de las tradiciones del Carnaval.
La perspectiva de la ciudad está evolucionando. Kevin Ferguson, jefe de gabinete del alcalde de Nueva Orleans, admite que las métricas anteriores eran erróneas y que el cambio es esencial. La atención se está desplazando hacia la mitigación del impacto ambiental en lugar de simplemente medir el exceso.
¿Qué sigue?
El desafío radica en remodelar una cultura profundamente arraigada. Durante generaciones, el Carnaval ha sido definido por el exceso. Reutilizar cuentas, implementar una gestión de residuos más estricta y reducir la dependencia de plásticos de un solo uso son pasos clave, pero requieren un esfuerzo colectivo de los juerguistas, organizadores y autoridades locales.
Nueva Orleans se encuentra en una coyuntura crítica: puede continuar por el camino del exceso insostenible o adoptar un Carnaval más responsable que equilibre la tradición con la protección del medio ambiente. El futuro de la celebración (y de la ciudad misma) puede depender de ello.
