La crisis del VIH en Fiji: una epidemia creciente entre los jóvenes y los vulnerables

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Fiji se enfrenta a una epidemia de VIH en rápida escalada, con casos nuevos que se triplicarán entre 2023 y 2025. Este aumento, que ahora es el brote de VIH de más rápido crecimiento en el mundo, está impulsado por una combinación de factores: el papel del país como centro de contrabando de drogas, el aumento del uso de metanfetamina, prácticas de inyección inseguras y fallas sistémicas en el acceso a la atención médica y en la concientización. La crisis es particularmente devastadora para los niños, con tasas alarmantes de transmisión de madre a hijo que provocan muertes evitables.

El costo humano: Historias desde el frente

El impacto del VIH es profundamente personal. Clare, una joven madre, se enteró de que su hija pequeña, Andi, dio positivo después de repetidas visitas al hospital por una enfermedad inexplicable. Tanto ella como su marido, un consumidor de drogas inyectables, también resultaron ser VIH positivos. Este escenario se está volviendo trágicamente común. En todo Fiji, las familias están destrozadas por una enfermedad que sigue envuelta en estigma y desinformación.

La situación es terrible: a un bebé por semana se le diagnostica el VIH a través de la transmisión de madre a hijo, y un niño menor de cinco años muere cada mes por complicaciones relacionadas con el VIH. El Dr. Jason Mitchell, jefe de respuesta a la epidemia de VIH de Fiji, llama a esto “imperdonable”, destacando la naturaleza evitable de estas muertes.

Causas fundamentales: drogas, estigma y fallas sistémicas

La geografía de Fiji y sus débiles controles fronterizos lo convierten en un punto de tránsito para drogas ilícitas, principalmente metanfetamina. Esto alimenta la adicción, especialmente entre los jóvenes, que a menudo comparten agujas contaminadas debido a la falta de acceso a suministros limpios. El problema se ve agravado aún más por un estigma cultural profundamente arraigado.

Christopher Lutukivuya, un activista contra el VIH que vive con el virus desde 2013, describe las duras realidades: las personas con VIH son condenadas al ostracismo, obligadas a esconderse o empujadas al suicidio en lugar de enfrentar un juicio. Las creencias tradicionales y la desconfianza en la medicina occidental también obstaculizan los esfuerzos de prevención, particularmente entre la población indígena de Fiji (iTaukei), que representa el 90% de los nuevos diagnósticos.

El contexto global: una reversión del progreso

Esta crisis se produce en un momento en que disminuye la ayuda mundial para el VIH, lo que deja vulnerables a Fiji y otras naciones del Pacífico. Según la OMS, Fiji ahora está experimentando condiciones que recuerdan las primeras epidemias de SIDA en los países desarrollados, incluida una ignorancia generalizada sobre la transmisión, la falta de programas de agujas seguras y la resistencia al uso de condones.

La situación se ve agravada por la falta de conocimientos básicos: algunos fiyianos desconocen que el VIH puede transmitirse de madres a bebés o que el virus es tratable. Incluso las personas educadas luchan por negociar sexo seguro debido a los desequilibrios de poder.

Esperanza en medio de la desesperación: esfuerzos de prevención y tratamiento

A pesar del sombrío panorama, se están logrando algunos avances. Médicos y activistas están trabajando para combatir la desinformación y promover el tratamiento como una opción para salvar vidas. El Ministerio de Salud está implementando un programa de agujas seguras y ONUSIDA está presionando para lograr un mayor acceso a la PrEP (profilaxis previa a la exposición) a través de tabletas, inyectables y anillos vaginales.

Iniciativas como Daulomani Safe House, fundada por Edwina Biyau, brindan apoyo a los sobrevivientes de las drogas, el VIH y la violencia. Historias de éxito, como la de Josy Ralulu, una trabajadora sexual que ahora aboga por las pruebas y el tratamiento, demuestran que vivir con el VIH no es una sentencia de muerte.

El camino a seguir: se necesita acción urgente

Se estima que en Fiji hay 8.900 personas que viven con el VIH y se espera que la crisis se convierta en una epidemia generalizada en unos meses. Si bien el gobierno de Fiji ha invertido 10 millones de dólares en respuesta, junto con ayuda de Australia y Nueva Zelanda, es fundamental una intervención más agresiva.

La clave es acabar con el estigma, aumentar el acceso a las pruebas y al tratamiento y abordar las causas subyacentes de la transmisión. Esto incluye fortalecer la aplicación de la ley para desbaratar el tráfico de drogas, mejorar la infraestructura sanitaria y empoderar a las mujeres para negociar relaciones sexuales seguras. El futuro de las poblaciones más vulnerables de Fiji depende de que se tomen medidas decisivas ahora.