La informática se defiende: cómo la investigación sobre el abuso tecnológico está ayudando a los supervivientes

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La tecnología se está convirtiendo rápidamente en una herramienta para el abuso, que permite a los acosadores y traficantes controlar a las víctimas de forma remota. Pero un campo en crecimiento dentro de la informática está contraatacando: los investigadores ahora están estudiando de manera proactiva cómo la tecnología se utiliza como arma contra las personas vulnerables y desarrollando soluciones para restaurar su seguridad. A la cabeza de esta carga está Nicola Dell, científica informática de Cornell Tech cuyo trabajo ayuda a los sobrevivientes de violencia doméstica y trata de personas a recuperar el control de sus vidas digitales.

La nueva frontera del abuso

Las formas tradicionales de acecho y acoso se han trasladado a Internet, volviéndose más insidiosas y más difíciles de detectar. En lugar de vigilancia física, los abusadores ahora explotan el seguimiento de la ubicación en los teléfonos inteligentes, secuestran cuentas y manipulan funciones de seguridad para mantener el control. Esto no es sólo una cuestión de conveniencia; es un problema sistémico que los científicos informáticos han pasado por alto en gran medida hasta hace poco.

La investigación de Dell se centra en predecir y mitigar estos ataques, reconociendo que los agresores a menudo conocen íntimamente a sus objetivos y pueden eludir las medidas de seguridad estándar. La diferencia clave es anticipar la intención detrás de la tecnología, no sólo sus capacidades técnicas.

Clínicas pioneras en abuso de tecnología

En 2018, Dell cofundó la Clínica para poner fin al abuso tecnológico (CETA) en Cornell Tech, el primer centro de este tipo dedicado a ayudar a los sobrevivientes de violencia de pareja. CETA ofrece consultas gratuitas para identificar dispositivos y cuentas comprometidos y ofrece pasos prácticos para mejorar la seguridad digital. Este trabajo le valió a Dell una beca MacArthur 2024, una subvención de 800 000 dólares que reconoce su creatividad e impacto.

El enfoque de CETA es único: brinda experiencia técnica directamente a los sobrevivientes, cerrando la brecha entre la investigación abstracta y los daños en el mundo real. El éxito del centro subraya la necesidad urgente de dedicar más recursos a este campo poco estudiado.

De forastero a defensor

El camino de Dell hacia este trabajo no fue tradicional. Al crecer en Zimbabwe, no comenzó a codificar hasta su adolescencia, cuando el acceso a las computadoras era limitado. Navegó en un campo dominado por hombres en el Reino Unido, donde se sintió intimidada pero perseveró.

Esta experiencia moldeó su compromiso con la inclusión. Después de obtener su doctorado, descubrió que la tecnología podía diseñarse para abordar las necesidades de las comunidades desatendidas, no solo de aquellas con acceso a recursos.

El lado oculto de la tecnología

La investigación de Dell ha descubierto patrones inquietantes. Ella y su equipo han desarrollado algoritmos para identificar aplicaciones maliciosas utilizadas para acoso, fraude y acecho, lo que llevó a la eliminación de cientos de aplicaciones dañinas de Google Play Store. También han expuesto vulnerabilidades en los sistemas de “claves de acceso”, donde los abusadores pueden aprovechar la autenticación biométrica para acceder a las cuentas de las víctimas sin permiso.

Estos hallazgos no son meramente académicos: exponen fallas fundamentales en los modelos de seguridad actuales, que priorizan la conveniencia sobre la seguridad. El desafío es equilibrar la usabilidad con la realidad de que la tecnología puede usarse como arma contra quienes más la necesitan.

Más allá de la investigación: cerrar la brecha

El trabajo de Dell va más allá de las soluciones técnicas. CETA es pionero en un modelo de trabajo tecnológico pro bono, alentando a los profesionales a ofrecer sus habilidades como voluntarios para ayudar a los sobrevivientes. El centro también capacita a trabajadores sociales para reconocer y mitigar el abuso facilitado por la tecnología, fomentando la colaboración interdisciplinaria.

Esto es fundamental porque la tecnología no es neutral. Refleja los prejuicios y vulnerabilidades de sus creadores. El enfoque de Dell enfatiza la necesidad de un diseño ético, donde se priorice la seguridad antes de la conveniencia y donde las advertencias sean claras cuando se habilita el seguimiento.

El futuro de la seguridad tecnológica

El trabajo de Dell demuestra que la informática puede ser una fuerza poderosa para el bien, pero sólo si los investigadores enfrentan activamente el lado oscuro de la tecnología. Al priorizar la seguridad de las poblaciones vulnerables, está ayudando a remodelar el campo, haciéndolo más receptivo a las realidades del abuso y más responsable del daño que puede infligir. No se trata sólo de corregir fallos técnicos; se trata de reconocer que la tecnología nunca es verdaderamente neutral y que su diseño debe reflejar un compromiso con la justicia y la seguridad.