¿Están los humanos programados para la infidelidad? La ciencia de quedarse y desviarse

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Desde que existen las relaciones, también existe la infidelidad. Desde aventuras casuales hasta aventuras a largo plazo, la ruptura de compromisos románticos es una realidad común, aunque dolorosa, para muchos. Como biólogo evolutivo, la pregunta no es si los humanos hacen trampa, sino por qué evolucionamos con el deseo de vínculos a largo plazo y el impulso hacia la novedad sexual.

Los motores duales: compromiso frente a novedad

Los seres humanos son únicos en su capacidad para establecer vínculos de pareja profundos y duraderos. Pero junto con este impulso de compromiso, también poseemos un fuerte apetito por la variedad en nuestra vida sexual y romántica. Ésta no es una paradoja moderna; es una tensión fundamental incorporada a nuestra biología. Las investigaciones sugieren que ambos impulsos evolucionaron juntos porque, en términos evolutivos, ninguno es inherentemente “mejor” que el otro.

El papel de la genética

En 2010, un estudio reveló un sorprendente vínculo genético con la infidelidad. Los investigadores encontraron que las personas con una variación específica en el gen del receptor de dopamina D4 (la versión “larga”) tenían un 50% más de probabilidades de informar haber cometido infidelidad. La dopamina impulsa el comportamiento de búsqueda de emociones, y esta predisposición genética sugiere que algunos individuos están biológicamente programados para una mayor búsqueda de sensaciones, incluida la novedad sexual.

Sin embargo, los genes no son el destino. El estudio no significa que hacer trampa sea inevitable. Más bien, destaca que las poblaciones se benefician de una variedad de personalidades: algunas personas que toman riesgos, algunas personas cautelosas y muchas intermedias. Esta diversidad asegura la adaptabilidad, reflejando patrones similares que se encuentran en otras especies.

Adaptación Evolutiva

La infidelidad puede verse como una adaptación evolutiva. En entornos ancestrales, tener múltiples parejas sexuales podría aumentar el éxito reproductivo. Es posible que algunos individuos hayan estado predispuestos a correr riesgos, lo que dio lugar a más descendencia o a una mayor diversidad genética dentro de una población. Esto no es un respaldo a la infidelidad, sino una explicación de cómo tal rasgo puede haber persistido.

Más allá del “cableado”: el impulso hacia la novedad

El marco más preciso no es que estamos “programados” para hacer trampa, sino que estamos programados para la novedad sexual. Los seres humanos también desarrollaron un poderoso impulso para formar relaciones comprometidas y confiables. Esto se ve reforzado por comportamientos como la “protección de la pareja” (la defensa agresiva de una pareja contra sus rivales) que se observa en muchas especies, incluida la nuestra.

Las consecuencias de la traición

La infidelidad, por definición, viola la confianza y socava la estabilidad central de los vínculos de pareja. Esto puede ser devastador, ya que amenaza directamente la seguridad y la cooperación que ofrecen las relaciones a largo plazo. Desde una perspectiva evolutiva, la traición no es algo que estemos diseñados para soportar.

Navegando la tensión

La pregunta entonces es: ¿cómo reconciliamos estos impulsos conflictivos en el contexto de las relaciones modernas? La respuesta puede estar en explorar la novedad dentro de un marco comprometido.

Las relaciones abiertas, las fantasías compartidas o simplemente experimentar juntos nuevas experiencias pueden reavivar la pasión y fortalecer los vínculos. La clave no es sólo la variedad, sino demostrar confianza, vulnerabilidad y voluntad de crecer juntos. Esto está respaldado por investigaciones que muestran que las parejas que priorizan la intimidad, la cercanía y las experiencias compartidas mantienen una mayor satisfacción sexual con el tiempo.

En última instancia, la capacidad humana tanto para el compromiso como para la novedad no es un defecto; es un reflejo de nuestra compleja historia evolutiva. Al comprender estos impulsos subyacentes, podemos navegar las relaciones de manera más consciente y crear vínculos apasionados y duraderos.